¿Y si, en vez de formar personas, formas equipos naturales?

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Que la formación de los empleados es clave para garantizar la supervivencia de una empresa es un hecho. El entorno tan cambiante en el que nos movemos, la revolución tecnológica y los ritmos que se derivan de ella han terminado por convencer al más escéptico. Pero, ¿y si te dijéramos que las acciones formativas, planteadas desde la perspectiva que conocemos hoy, tienen los días contados?

Dicen los expertos que el futuro pasa por desarrollar programas capaces de formar a equipos de trabajo completos y no a personas individuales. ¿Por qué? Si lo piensas, la respuesta es evidente: en el ámbito laboral priman los resultados del grupo antes que los individuales. ¿Qué sentido tiene desarrollar las habilidades personales y profesionales de cada persona, pudiendo poner el foco en la cooperación y el aprovechamiento de sinergias? Ninguno, ¿verdad? En este post ya vimos que la capacidad de trabajar en equipo es la segunda competencia más valorada por las empresas de todo el mundo; mientras que en este otro descubrimos que lo que más valoran de una empresa los empleados jóvenes, los conocidos como Millennials, es los programas de formación que ofrecen. Por eso, hoy te proponemos aunar las necesidades de la organización y los trabajadores con acciones formativas pensadas para desarrollar equipos de trabajo en su totalidad. No es tarea fácil, pero los resultados pueden marcar un antes y un después en el desarrollo de una compañía.  

Para ayudarte en el desarrollo de este programa de formación, que sorprenderá a más de uno, lo primero que debes tener claro es que te estás embarcando en un proyecto a largo plazo y que la formación de equipos resulta más compleja que la individual, puesto que no siempre es fácil llegar al consenso. En este sentido, asume cuanto antes que no todo saldrá bien a la primera, sino que será un ejercicio de ensayo-error, en el que es fundamental hablar, debatir y consensuar distintas propuestas con el grupo de trabajo. Dales voz y agudiza tu oído: no solo ellos tienen cosas que aprender.

Una vez que tengas claro que los resultados tardarán en llegar, puedes empezar a trabajar los siguientes conceptos:

Establece el rumbo

Parece evidente, pero algunos trabajadores a veces se olvidan de que todos estamos en el mismo barco. Por eso, debes hacerles entender que el equipo del que forman parte debe remar siempre en la misma dirección. Para que se sientan parte integrante del grupo, lo mejor es que aproveches las primeras sesiones para debatir con ellos cuáles son los objetivos del equipo de trabajo, en qué situación de partida se encuentran o quién es la persona idónea para llevar el timón.

Consigue un liderazgo efectivo

Hilando con la recomendación del punto anterior, debes saber que la elección del líder del grupo es fundamental para garantizar su buen funcionamiento. Es importante que cuente con las competencias básicas para dirigir el grupo, pero también con el respeto y el respaldo del resto del equipo.

Define los roles de los profesionales implicados

Además de un líder, necesitas identificar en qué destaca cada profesional para poder sacar el máximo partido a su talento. Los expertos aseguran que, a la hora de definir roles dentro de un equipo, no solo hay que centrarse en las funciones laborales que desempeñen los trabajadores, sino en lo que pueden aportar personalmente al grupo.

Trabaja en equipo siempre

A veces, una vez definidos los roles dentro de un equipo, cada persona empieza a desarrollarlo de manera individual. Si quieres formar equipos naturales capaces de solucionar problemas eficazmente, necesitas que recuerden en todo momento que forman parte de un grupo. Para ello, debes reforzar la identidad colectiva siempre que tengas ocasión, además de promover la comunicación constante entre los distintos integrantes del equipo, el líder y tú.